Desde esos primeros años, ahora nos encontramos en plena efervescencia de la segunda versión de de la Red, la conocida como Web 2.0, en la que el énfasis ha sido trasladado de unos pocos gestores de la información hacia el público general que ahora es capaz de generar toneladas de bits de información a través de aplicaciones como los blogs, las redes sociales, las wikis o los portales de páginas web. Y la siguiente etapa parece ser que vendrá determinada por la accesibilidad de los datos en bruto...
Todo ello ha incrementado la conectividad de la Red y está teniendo un gran impacto en cómo todos aquellos sectores implicados en el trabajo científico se ven obligados a manejar la información (buscar, organizar, almacenar, compartir...). Y quizás una de las más importantes modificaciones ha sido el desarrollo de multitud de programas para la organización de la bibliografía, que ha pasado de estar integrada por un amasijo de separatas y polvorientas fotocopias a ser básicamente una multitud inestimable de miles de archivos PDF en la que puedes llegar a perderte incluso cuando trabajas con el mayor grado de organización. Por ello, algunas de las aplicaciones más queridas por los investigadores son las que permiten un rápido acceso a la información conectando directamente los buscadores bibliográficos con los archivos que continenen la información buscada. Desde el consabido EndNote, comercializado desde hace más de quince años, las nuevas generaciones empiezan a utilizar aplicaciones gratuitas on-line como:
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