martes, 10 de febrero de 2009

Dos hallazgos sorprendentes

Está claro que el mundo de la Paleontología nunca dejará de sorprendernos. La semana pasada salieron a la luz dos descubrimientos espectaculares.

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El primero de ellos ha sido encabezado por Philip D. Gingerich de la Universidad de Michigan (EEUU). El espectacular hallazgo de dos esqueletos de protocétidos (Maiacetus inuus) del Eoceno Medio de la Formación Habib Rahi en Pakistán se ha visto incrementado al descubrir en uno de ellos un feto que conserva el cráneo y parte del esqueleto postcraneal. Los esqueletos de los ejemplares adultos permiten observar en estas ballenas primitivas la presencia de miembros anteriores y posteriores desarrollados lo que ha sido interpretado como indicativo de un hábito anfibio de manera que estos protocétidos buscarían su alimento en el mar, mientras que volverían a tierra para descansar. El hecho de que la cabeza del feto se encuentre posicionada hacia la parte posterior del cuerpo materno (tal y como ocurre en la actualidad en los mamíferos terrestres y al contrario de lo que sucede en los mamíferos acuáticos) sería un claro signo de un parto en tierra, lo que refuerza la teoría de un modo de vida anfibio para estos protocétidos. Este último hecho ha llevado a Gingerich y su equipo a definir Maiacetus innus como la piedra Rosetta de la evolución de las ballenas.Añadir imagen

El segundo de estos hallazgos lo constituye el descubrimiento del esqueleto fósil de una serpiente gigante (bautizada como Titanoboa cerrejonensis) en los sedimentos paleocenos de la Formación Cerrejón (58-60 Ma) en el noreste de Colombia. El equipo de paleontólogos artífices del descubrimiento y encabezados por Jason J. Head de la Universidad de Toronto (Canadá) han estimado una longitud de 13 m y una masa corporal de 1.135 kg, lo que ha erigido a Titanoboa cerrejonensis como la serpiente más grande que jamás habitó nuestro planeta. Semejante tamaño corporal lleva implícitas condiciones climáticas muy determinadas en el Paleoceno de Colombia, puesto que al ser Titanoboa cerrejonensis un animal de sangre fría (poiquilotermo) habría necesitado una temperatura ambiental muy elevada con el objeto de mantener su eficacia metabólica. En concreto Head y sus colaboradores han determinado valores de temperatura media anual de entre 30 y 34ºC lo que es coherente con los modelos climáticos que proponen una alta tasa de CO2 atmosférico en el Paleógeno inicial.



Estos dos descubrimientos muestran claramente (y con más razón en este año de Darwin) que la Paleontología tiene aún mucho que decir en la comprensión de la evolución de las especies en nuestro planeta, en contra de lo que opinan algunos biólogos evolutivos que conceden un menor valor a los hallazgos paleontológicos frente a los relojes moleculares.

Gingerich, P. D., ul-Haq, M., von Koenigswald, W., Sanders, W. J., Smith, B. H. & Zalmout, I. S. (2009) New Protocetid Whale from the Middle Eocene of Pakistan: Birth on Land, Precocial Development, and Sexual Dimorphism. PLoS ONE, 4 (2): e4366. doi:10.1371/journal.pone.0004366

Head, J. J., Bloch, J. I., Hastings, A. K., Bourque, J. R., Cadena, E. A., Herrera, F. A., Polly, P. D. & Jaramillo, C. A. (2009) Giant boid snake from the Palaeocene neotropics reveals hotter past equatorial temperatures. Nature, 457: 715–717. doi:10.1038/nature07671